La fuerza por detrás

Todo llega a su fin pero a veces para eso hay que encontrar un baño.

Me perdí en el centro de la ciudad ahogado por las ofertas navideñas. Necesitaba encontrar una espada láser para mi sobrino. La verdad es que me gustan estas fechas para hincharme de polvorones pero las calles están frías y la gente desesperada por gastar. 

Al niño le gusta destruir todo lo que hay en casa y le faltaba la espada láser. Ya le regalé la termomix y por eso la abuela perdió el otro brazo. Su madre le excusa, es un buen chico pero está pasando una mala época. 

¡Y un huevo! Con diez años ya es un delincuente en caliente. Si es que le compran de todo. Si el niño quiere un caballo, le dan pura sangre. Con eso de que mi hermano sea un famoso agricultor el niñito ha salido ladrillero y toca cojones.
Sea como sea me planté en el centro para buscar el sable láser. Sabía que estaba firmando mi sentencia de muerte  porque lo primero que haría el niño sería arrancarme la cabeza. Deja al niño que pruebe sus juguetes dirá la abuela. Por si acaso llevo siempre orejas de repuesto. 

Pero tuve un problema, me dio un apretón y me colé en un McDonals. Primera opción de baño gratuito. El problema es que alguien untó la taza con pegamento y me quedé enganchado en la taza durante diez horas. No tengo sable láser.

Ahora me encuentro en un marrón y necesito tu ayuda. Déjame un comentario de cómo puedo volver a casa sin el sable láser. El Niño mimado me va a fusilar con sus muñecos.

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¡Feliz Navidad!

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