Tiempo perdido

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Tiempo perdido

Creía que el paso tiempo era sólo una mera excusa para enterrarse un poco más. Les gustaba sentir la arena en el cuello, saborear el fango a veces en su garganta, esa amarga espina que se clavaba otra vez en un rincón irreconocible de su silencio. Él lo sabía. Sin embargo es fácil dejarse morir una y otra vez en cualquier esquina. El día que le llamaron para darle la noticia ya era tarde para regresar a casa. Nos quedaremos aquí, encerrados en esta agonía, apesadumbrados por el gris de las paredes, arrojando escarcha lejos de la habitación. Pronto muy pronto volveremos a nuestro jardín, pero ahora mejor cállate y sonríe, no vaya a ser que mañana estas paredes se tiñan del color negro de nuestros corazones

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