Los muñecos de desván (2 parte)

En esos sueños despierto en mitad de un patio a pleno sol del día. Siento mi cuerpo flotar sobre las baldosas de colores. Martina parece esperarme al otro lado de la puerta de bronce pero nunca consigo avanzar hasta allí. 

Entonces oigo sus llantos desde aquella parte de la casa. Las puertas se abren y comienza el desfile de muñecas negras que se ocultan entre los árboles.

—No vayas cariño.

Me transformo en viento que penetra en las gargantas de las muñecas e inhalo sus pensamientos. 

Hace tiempo que nos enterraron en el desván de aquella vieja casa. Entre las paredes que castigan las pequeñas manos y la mirada confusa de la infancia. No existe tiempo para nosotros. Perseguimos los hilos que manejan tu cabeza . Ahora estamos en tus sueños y pronto atravesaremos las pared de aquella vieja casa.

Desperté una vez más con el corazón en un puño y Martina me abrazó. Estoy aquí, ya pasó.

A la mañana siguiente emprendí el viaje de regreso. Debía descubrir que ocultaba aquel viejo desván. 

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