Donde la Navidad no existe

La oscuridad atrapó las fronteras y el tiempo se detuvo para ellos.

A nadie le importa.

Hoy la metralla arrancó la piel de los osos de peluche  y los esqueletos de las bicicletas deambulan todavía entre los escombros.

No hay vida. El amanecer silenció las casitas de muñecas.

Las pequeñas manos ya no dibujan un futuro. El asedio de los lobos volverá a arañar los ojos de las mariposas.

El aullido de los tanques acabó con los convenios internacionales.

Ahora la muerte se pasea por las escuelas y en las pizarras escribe uno a uno sus nombres.

Lejos de allí parece que el infierno no existe, ¿verdad?

 

 

 

 

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Estos días estuve ausente, en otra galaxia. Tengo mis razones y mis perezas. Espero ser fiel a partir de ahora

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