water

Él sigue aquí para siempre.

El  día que decidí vivir sola me encontré un cuervo en el water. Me dijo que se  había perdido después de una noche de fiesta y que la única ventana abierta era la de mi lavabo. Confieso que desde que me mudé nunca me había preocupado por cerrar esa ventana. No me importa vivir en lugares fríos.

Invité al cuervo a una copa de Anís del mono.

—No me llevo bien con los primates. No es nada personal. Tú estás buena.

Ningún cuervo me hablaba así desde que dejé la facultad de enfermería. Me gustaban sus alas negras y su mirada hipnotizadora.

—¿Desde cuándo eres cuervo?

—Inocente pregunta. Yo soy pajarraco desde los quince años— me dijo mientras encendía otro cigarrillo y exhalaba el humo en mi cara.

¿Me puedo quedar en tu casa?

Creo que ese fue el mayor error de mi vida. El cuervo se instaló en el salón de casa sobre el busto de Palas Atenea.

No volvió a hablarme y observaba mis pasos.  A veces me esperaba detrás de la puerta y estrangulaba mis pensamientos.  Para siempre.

Él sigue aquí para siempre.