Amor

Tiempo perdido

Tiempo perdido

Creía que el paso tiempo era sólo una mera excusa para enterrarse un poco más. Les gustaba sentir la arena en el cuello, saborear el fango a veces en su garganta, esa amarga espina que se clavaba otra vez en un rincón irreconocible de su silencio. Él lo sabía. Sin embargo es fácil dejarse morir una y otra vez en cualquier esquina. El día que le llamaron para darle la noticia ya era tarde para regresar a casa. Nos quedaremos aquí, encerrados en esta agonía, apesadumbrados por el gris de las paredes, arrojando escarcha lejos de la habitación. Pronto muy pronto volveremos a nuestro jardín, pero ahora mejor cállate y sonríe, no vaya a ser que mañana estas paredes se tiñan del color negro de nuestros corazones

Miradas

Miradas

En tus ojos veo reflejado el miedo
que siento y que encienden tus miradas,
miradas que detienen el tiempo.
Miedo al saber que si me miras,
mis ojos te dirán todo lo que mi voz calla,
esas palabras que no puedo pronunciar.

Quisiera olvidar tus miradas
o formar parte de ellas,
pero no puedo vivir con la duda
de ignorar si al mirarme
oyes la poesía que en mi interior estalla.

Sueño que vuelvo a verte,
descubro el secreto para saltar al vacío,
deshacerme de las redes
que entorpecen mi camino.

Volveré a sufrir en mi mundo inventado,
enamorado de tus silencios, lejos de ti,
en este laberinto.

Carlos Richarte 1999

Las sombras después del incendio

Cada noche te hundes desesperado en el lodo. No es fácil deshacerse de las sombras después del incendio.

No pude evitarlo. Me amenazó, eso es todo. Si no lo hubiera hecho ahora sería yo quien tragaría la tierra lentamente. Él me hubiera matado. Ayer el juez dictó mi sentencia.

Lo has conseguido, atrás quedaron los días que clavaste en mi cabeza tus absurdas teorías de cómo ser la esposa perfecta. Si no lo hubiera matado sé que ahora estaría muerta.

De niña me gustaba recorrer las calles y arrastrar los pies por la arena húmeda, la misma que ahora escupes en tu infierno infinito. La primera vez que me tapaste la boca todavía no había terminado la primavera. Nuestros cuerpos enredados en ese suspiro que araña mi garganta. Hoy no te besaré, mañana tampoco. En el salón juegas con mis cabellos, te gusta arrancar uno a uno mis recuerdos mientras mis uñas arañan el pastel.

Ayer decidí poner punto y final. Te hundiste en el lodo. En esta celda regresas cada noche para escupir alcohol en mis sueños. No respiro, ahora ya no.

Tal vez hemos muerto

 

Nos quedamos fuera de la casa, desterrados al jardín salvaje. Olvidé la llave de tu corazón en la mantequilla. Ahora la vegetación se abre paso lentamente en nuestra nevera.

He descubierto el agujero de mi cabeza del que tanto me hablaste. Por allí entra y sale la copa de whisky, la ruta de cada noche, el estúpido despertador.

Nos convertimos en amantes enredados a un televisor. La cuchara arranca en la pantalla los ojos de los monos.

No nos dimos cuenta demasiado tarde. Las ramas del árbol de Navidad penetran las paredes del salón, mientras el esqueleto de septiembre se arruga en la soledad.

La mano anciana arrancaba los recuerdos de la infancia uno a uno. Y nosotros fuera del tiempo, talvez hemos  muerto.

 

Nunca se lo perdonaré

Me desperté con una maraña de hilos en la cabeza. Confieso que nunca me había pasado algo similar. La discusión terminó cuando él tiro mi pecera por la ventana.

Nos conocimos en la sección de lácteos de Carrefour. Allí cruzamos nuestras miradas sobre el último yogurt desnatado. Sonreíste y me mostraste tu dentadura en perfecta harmonia. Creo que el interior de las persona comienza en sus dientes.

Aquella tarde llovía y no me pareció mal refugiarme en tu guarida. Tropezamos en el salón con las coincidencias habituales.
—¿Y si nos comemos el yogurt en mi cama?

Dos años y un desfile de tortugas en televisión, la aguja atravesó mis ojos lentamente para tejer un falso escenario. Sabía que si tiraba del hilo que enredaste en mi cabeza descubriría tu mentira. Hasta el día que ella dio el paso definitivo y me dejó la nota en la nevera.

Patricia, sabes que soy tu mejor amiga. Perdona pero me comí tu yogurt.

Él se sentó en la cama y me mostró mi lista de defectos. Los he recopilado día a día en esta libreta, ya terminé las páginas debes irte.

Conseguí saltar a tiempo por la ventana y rescatar mi pecera en el aire. La abracé con fuerza.

Ahora todo está en en orden.

 

 

El día que olvide

Abuelo…mañana me acompañarás al parque otra vez, ¿verdad?

 

Si llega el día que olvido tus manos, y ya no sé quien eres,
si mi piel arrugada del invierno olvida que eres mi niña,
si un día no amanece y vivo en oscuridad,
si cantas nuestra canción pero ya no recuerdo nuestros silencios,
si un día ya no sé mirar al horizonte y  me envuelve un muro gris que estruja poco a poco mi cerebro,

si algún día ya no respondo…

dime que estás aquí,

abre el cajón donde escribimos nuestros sueños,
mírame, porque te veré desde otra isla,
y mi mente dará vueltas en un tiovivo agónico,

no me dejes sólo y lejos de tus sonrisas,
seré naufrago en lo más profundo de un mar inevitable,

si un día crees que ya no estoy,
recuerda el día que te conté un cuento de hadas
dónde volabas con tu mariposa de papel
y jugamos en el columpio que te hizo crecer,

me acompañarás al parque mañana, ¿verdad?

 

Me abandonó mi tabla de planchar

La semana pasada mi tabla de planchar me abandonó. El día que llegó a casa me aseguraron que pertenecía a una ilustre familia.

Desde hace tiempo era lo único que me daba conversación. Por las noches me explicaba secretos de todas las camisas ilustres que planchó. Desde políticos corruptos, ciclistas o toreros. Trajes de novia pagados en B, calzoncillos de color madalena y calcetines cubanos.

Ella me dejó una tarde y me tiré en plancha por el balcón.

—¡Si tanto la quieres vete con ella!

El error fue adquirir una secadora con sistema antiarrugas.  Hasta mis camisas se declararon en huelga cuando mi tabla se fue.

Ahora estoy triste y no puedo dejar de pensar en ella.

Nos conocimos en Caprabo. Mis amigos me admiraban. Poca gente puede presumir de ir al cine con una tabla de planchar de 1.80m.

Ahora añoro doblar sus hierros, acurrucarla en el armario. Soplarle mis vapores. La necesito porque sin ella no soy nada.

¿Por qué me olvidaste?

Murió una tarde de octubre. Y él se olvidó de ella para siempre.

Desde entonces, Silvia lo espera en el parque y bajo el arco donde se besaron por primera vez.

—¿Tienes frío Sílvia?

—Todavía no. Me asustan tus silencios— le dijo sin apartar la mirada de sus ojos oscuros. Él la beso y abrazaron el viento.

—¿Por qué nos olvidamos de los demás cuando morimos?

—No digas eso cariño— respondió él mientras acariciaba su mejilla. Nunca te olvidaré.

—Me olvidarás.

—No digas eso.

—¿Sentirás mis besos cuando me haya ido?—

Su  vida se desvanecía lentamente y el cáncer descosía sus pensamientos.

Sílvia murió en octubre. Y él la olvidó demasiado pronto.

Todavía su perfume impregna los lugares donde se besaron. La iglesia, la plaza de la fuente, te imaginas, el lago, mañana a las siete.

Y si no despierto….¿Me olvidarás?

 

Me esperas al final del Universo

Para ti, papá 

Siempre nos vemos en mis sueños y no hay distancia entre nosotros.
Siete años han pasado y cada día recuerdo cuando me hablabas de tu infancia, de las casas del pueblo, de tu madre. La emoción de tumbarte  a mirar las estrellas junto a tus hermanos en la era, cerca del cortijo y sin miedo a nada. Os divertía contar las estrellas. ¿Pedimos  un deseo?

Pepe y Amalia perseguían las ovejas y buscaban ratoncillos entre la retama. El abuelo se enfadó cuando Manuel pintó los labios a la mula, o Remedios intentaba volar saltando desde el granero. Mientras  María y Antonio recogían las olivas cerca de la rambla.

Entonces no hacía falta nada para jugar y sonreír, tenemos todo el futuro por delante. ¿Qué habrá detrás de aquellas montañas?

A veces oigo la guitarra al amanecer, el romance anónimo y el fandango. En aquellos días me despertaba la solea, el punteo de un ejercicio… Hace poco encontré el libro que te regalé, marcado en ese punto infinito en el tiempo. Ahora que no estás creo oír esas mismas canciones en otro amanecer. Me enseñaste que hay que repetir muchas veces el ejercicio hasta que lo aprendes.

Hoy en mis sueños volvemos a sentarnos juntos al atril con esas mismas  melodías. Y en ese sueño te abrazo muy fuerte. No quiero despertar. No tenemos mucho tiempo. ¿Volveré a soñar contigo? Debo despertar en ese lugar donde tú me esperas.

Si tú me esperas al final del universo volveremos a vernos en otro amanecer, en otro despertar, en otra vida.

Feliz cumpleaños

Vale la pena que la vida sea sólo un  instante si puedo perderme en tus ojos. Y no me importa morir si sigo  atrapado en tus besos para siempre.

Nos conocimos en plaza Urquinaona una tarde de verano. Te esperé. Ya lo hice otras veces. Ahora sé que te hubiera esperado toda la vida. ¿Cómo estás? Perdón por el retraso. No importa. ¿A dónde vamos? 

Me quedé sin palabras al verte. Tu sonrisa rompió mi silencio. ¿Te gusta el té? 

Ahora miramos nuestro horizonte y cada amanecer es una nueva oportunidad para nosotros.  Feliz cumpleaños mi vida. 

¿Te imaginas despertar en otra isla?