Las sombras después del incendio

Cada noche te hundes desesperado en el lodo. No es fácil deshacerse de las sombras después del incendio.

No pude evitarlo. Me amenazó, eso es todo. Si no lo hubiera hecho ahora sería yo quien tragaría la tierra lentamente. Él me hubiera matado. Ayer el juez dictó mi sentencia.

Lo has conseguido, atrás quedaron los días que clavaste en mi cabeza tus absurdas teorías de cómo ser la esposa perfecta. Si no lo hubiera matado sé que ahora estaría muerta.

De niña me gustaba recorrer las calles y arrastrar los pies por la arena húmeda, la misma que ahora escupes en tu infierno infinito. La primera vez que me tapaste la boca todavía no había terminado la primavera. Nuestros cuerpos enredados en ese suspiro que araña mi garganta. Hoy no te besaré, mañana tampoco. En el salón juegas con mis cabellos, te gusta arrancar uno a uno mis recuerdos mientras mis uñas arañan el pastel.

Ayer decidí poner punto y final. Te hundiste en el lodo. En esta celda regresas cada noche para escupir alcohol en mis sueños. No respiro, ahora ya no.

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